Historias para contar…

El problema de la farmacodependencia es un fenómeno hipercomplejo. Esto quiere decir que se entretejen diversos aspectos que están en la base de este problema, en donde al final, aparentemente, sólo se ve el síntoma, es decir, el consumo de una persona. ¿Dónde queda la problemática familiar?, ¿Qué pasa con la falta de oportunidades para tantos jóvenes que viven en la marginación?, ¿Y la complicidad de autoridades con narcotraficantes que hacen posible que la droga se encuentre en cualquier sitio?, ¿Y qué decir de la publicidad y aceptación de drogas lícitas como el alcohol?, etc. Todo esto nos lleva a concluir que el tratamiento es muy complejo y muy costoso, por una parte, y por otra, los resultados han de medirse en función del daño que las personas y las familias presentan. Lo ideal no siempre es posible y hay que ser muy realistas en cuanto a los objetivos que persigue un tratamiento.

Muchas personas y sus familias han logrado superar sus problemas y tener una mejor calidad de vida. En este proceso Juventud Luz y Esperanza ha caminado con ellos y juntos hemos obtenido resultados que nos llenan de satisfacción y nos permiten afirmar que la prevención y el tratamiento sí funcionan.

Testimonio de tratamiento

"Yo empecé a drogarme a los 15 años; al principio lo vi como algo normal y agradable, pensaba que eso era la vida. Después tuve que denigrarme con tal de obtener droga, me di cuenta que ya no era yo, que era otra persona, me sentía desesperada y no podía controlar mis emociones, pero seguía en lo mismo. Pasé por dos anexos en los que viví malas experiencias y llegué a Juventud, Luz y Esperanza cuando tenía 17 años. Aquí empecé a ver la vida diferente y me agradaba porque estaba por mi propia voluntad y conocí a chavos igual que yo, eso me animó a ver que yo no era la única que pasaba por estas cosas. Me di cuenta a través de mis terapias que me drogaba por mis miedos y vacíos y que sí podía dejar de hacerlo.

Al poco tiempo me enamoré de una persona con los mismos problemas y empezamos a drogarnos a pesar de haber aprendido muchas cosas; tuve dos hijos y dejé de tener contacto con la institución.

Llegue a vivir a casa de mi papá y ahí seguimos drogándonos, por supuesto, aparecieron los problemas, golpes y agresiones. Empecé a desesperarme, algo en mi interior me decía que no podía seguir así. Finalmente acudí con mi pareja a Juventud, Luz y Esperanza.
Descubrí que mi vida no era vida, que la droga no era mi vida, que me casé por soledad, que no era amor sino dependencia, que no había tomado en serio un cambio y que lo único que hacía era quejarme: ¿por qué a mí?

Ahora quiero seguir con mi proceso para poder decir que ya no tengo miedo a caer, porque ya me siento con más fuerzas, me siento feliz por ser quien soy. Tengo unos hijos maravillosos que me abrazan y me dicen que me quieren y principalmente empiezo a amarme, a amar cada parte de mi cuerpo, a amar a mis hijos y a limpiar mi hogar y cada lugar donde estuve mal.

Agradezco a Juventud, Luz y Esperanza por brindarme apoyo y aun cuando económicamente no puedo aportar, me apoyan. Ahora les puedo decir que mi crecimiento es verdadero. He sufrido llanto y desesperación por mi nueva vida, pero a cambio de eso he recibido una vida plena y sana que me está costando mucho, pero estoy segura que ya no quiero mi vida pasada".

A.G.

Testimonio de tratamiento

"A los 9 años tuve mi primer acercamiento con el alcohol, en esa ocasión nadie me dijo nada y yo seguí tomando. A los 15 me comenzó a llamar la atención estar en la calle; conocí a varios chavos y juntos conformamos una banda. Algunas de las calles de la colonia donde vivíamos se convirtieron en nuestro territorio. Los chavos que se iban integrando a la banda traían cosas novedosas: como sustancias que no eran comunes que consumiéramos; como el cemento, la marihuana, el tinher y los chochos.

Para mí las sustancias que me daban mayor satisfacción eran el tinher, el cemento y el alcohol, las cuales consumí durante dos años de manera excesiva. Posteriormente mi consumo de alcohol aumento y deje de utilizar las otras substancias. Inicie entonces una vida de alcohólico, tomaba grandes cantidades de alcohol durante varios meses continuos y era poco tiempo el que podía mantenerme en mi juicio.

Después de cinco años de consumir alcohol de forma excesiva, mi organismo se empezó a afectar; cuando probaba el alcohol mi cuerpo se hinchaba y cuando no consumía empezaba a temblar y mis músculos se paralizaban, me costaba trabajo orinar y ya tenía delirios.

Al ver todos estos sucesos, fui invitado por mis tíos a un retiro espiritual, y para que dejaran de molestarme acepté la invitación. Pero cuando regresé continué haciendo lo mismo. Más adelante me enteré de otro retiro y asistí por mi propia voluntad, pero tampoco experimenté ningún cambio.

Un muchacho que mis tíos conocían me habló de un lugar donde me podían ayudar, yo no quería ayuda, pero fue tan insistente que un día decidí ir. Y fue así como el 2 de octubre de 1991, a los 22 años, llegue por primera vez a Juventud, Luz y Esperanza. Al llegar, la primera imagen que vi, fue la de un padre rodeado por sus hijos y en ese momento pensé que quería ser parte de ese grupo.

Cuando llegue no había lugar, así que tuve que esperar dos meses para poder ingresar. El 2 de enero 1992 regrese, e inicie entonces un proceso muy difícil de rehabilitación. Durante el tratamiento tuve varias recaídas, pero siempre hubo alguien en la institución que me apoyara para continuar mi recuperación. Recibí ayuda espiritual y un acompañamiento del director, el cual nunca permitió que yo cayera.

Juventud, Luz y Esperanza me ayudo a crecer como persona, a amarme a mi mismo y a querer vivir, porque cuando mi abuelo murió y en medio de mi locura emocional, yo jure que si a los 30 años no había muerto de cirrosis me mataría de un balazo. Sin embargo, durante mi tratamiento descubrí el amor por la vida, el amor por mi familia y fue entonces cuando empecé a tener aspiraciones y sueños. Aprendí a ponerme metas y a esforzarme por lograrlas.

Actualmente tengo un buen trabajo, una casa y lo más importante, una familia a la que amo, que es otra cosa que aprendí en Juventud, Luz y Esperanza, aprendí a amar".

J.G.R

Testimonios de Prevención

“Yo me quedé con que no debo de tener miedo a la sexualidad, pues si una persona abusa de ti lo mejor es comentarlo a los que tenga confianza, eso a mí si me da miedo” (L. Alumna de 5º de primaria)

“El mensaje con el que me quedo después de las lecciones es: que puedo conocer mi cuerpo y puedo resolver mis problemas con mis familiares y amigos” (D.G. Alumna de 5º de primaria)

“El mensaje con el que me quedé después de las sesiones es: que no debemos de comer cosas que nos hagan daño, no tomar refresco en exceso y comer una comida balanceada; sobre la sexualidad que no nos debe de dar miedo cuando nos desarrollamos, aprendimos sobre nuestro cuerpo, bueno aprendimos muchas cosas” (R.S. Alumna de 5º de primaria).